Es inevitable un 31 de octubre sin el debate “Halloween o Música Criolla”. Argumentos no faltan para concluir que en nuestra realidad, o sea Perulandia, el que quiera armar un tono, reproduzca tal disco, suba el volumen y entone yo también me llamo Perú. Llámenlo nacionalismo -¿cómo el de Ollanta?-, patriotismo o un interés por rescatar “lo nuestro”, es lo que hay. Especialmente estos últimos años, cierta corriente social pugna por ensalzar lo Made in Peru, y es por ello que los Gastón Acurio, los chullos y más, acaparan las vitrinas y los ojos del mundo. Sin embargo, por momentos este boom no es más que una moda. Una moda peruanista.
Halloween es sólo un producto comercial. Extranjero, y relacionado con las artes diabólicas según algunos estúpidos. Imagino que este año muchos niños querrán ser Ben10, y sería cómico encontrar algún “Lupulo” por la calle y gritarle “¡No pasa! ¡No pasa!”. El también llamado Día de las Brujas tiene su público con todo el derecho de celebrar lo suyo, y si la música criolla les llega, les llega entonces. Del mismo modo los que ya dispusieron su agenda para un sábado de peña, beban sus piscos y sus chelas, y el domingo temprano a misa.
Como indiqué al principio, lo lógico sería que el común denominador de la “chupística” peruana para este día fuera “el rompe y raja”. Pero esta lógica no es tan lógica cuando se enfrenta al poder de decisión y a las orientaciones culturales de cada quien. En mi caso, me da igual el nombre que le pongan pues a fin de cuentas, es sólo una excusa para reunirse con los amigos, el resto es adorno.
Fuera de mi perspectiva para este 31 indico: ¿Quién no se ha disfrazado alguna vez? ¿Quién no sintió la partida de Arturo “El Zambo” Cavero como suya? Ocurre que hay quienes buscan el conflicto donde fácilmente puede erigirse un compartir, y aquí radica la intención de estas líneas. Algún avispado marketero entendió que muchos peruanos optan por el criollismo y el disfraz a la vez, y es así que cierta discoteca miraflorina pondrá a un Conde Drácula tocando el cajón, y a La Llorona cantando “Cuando llora mi guitarra”. La invitación ya está hecha, y el cherry asolapado.

